Estos son los 10 principales retos para la salud este año... Y tú, ¿qué quieres saber?

El domingo 7 de abril es el Día Mundial de la Salud.

La fecha conmemora la creación de la Organización Mundial de la Salud, que se formó bajo el principio de que todas las personas deben tener derecho al máximo nivel de salud que se pueda lograr.

El de la salud es un derecho humano, y sin embargo millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a una atención sanitaria plena ni las condiciones sociales para una vida saludable.

Este año nos gustaría saber cuáles son para ti las preguntas y los temas más importantes que quisieras que BBC Mundo investigara y cubriera en relación con la salud.

Para poner un poco de contexto a este tema tan amplio, estos son los 10 desafíos prioritarios que la Organización Mundial de la Salud ha establecido para este 2019.

1. Contaminación del aire y cambio climático

La contaminación del aire se ha convertido en un problema tan extendido en el mundo que nueve de cada 10 personas respiran aire contaminado todos los días.

Por eso, la OMS cree que este es el mayor riesgo ambiental para la salud en la actualidad. Los contaminantes microscópicos en el aire pueden penetrar en los sistemas respiratorios y circulatorios, dañando los pulmones, el corazón y el cerebro.

Como resultado, siete millones de personas mueren de forma prematura cada año.

La causa principal de la contaminación del aire (la quema de combustibles fósiles) también contribuye de manera importante al cambio climático, lo que repercute en la salud de las personas de distintas formas.

2. Enfermedades no transmisibles

Las enfermedades no transmisibles como la diabetes, el cáncer y las enfermedades del corazón, son responsables de más del 70% de todas las muertes anuales en todo el mundo, lo cual equivale a 41 millones de personas.

El aumento de estas enfermedades se debe, según la OMS, a cinco factores de riesgo: el tabaquismo, la falta de actividad física, el consumo de alcohol, las dietas poco saludables y la contaminación del aire.

3. Una pandemia global de influenza

Según los Centros de Prevención y Control de Enfermedades, en Estados Unidos, una pandemia de influenza sería un brote global de un nuevo virus de la influenza A que es muy diferente de los virus de la influenza estacional A que han circulado entre las personas recientemente, o que están en circulación en el momento.

Al ser un virus nuevo, pocas personas son inmunes a él.

En la primavera del 2009, surgió un nuevo virus de la influenza A (H1N1) que fue detectado primero en Estados Unidos y se propagó luego por todo el país y el resto del mundo.

Según la OMS, el mundo enfrentará otra pandemia de influenza, aunque no se sabe cuándo llegará y qué tan grave será.

4. Entornos frágiles y vulnerables

Con esto, la OMS se refiere a lugares donde crisis prolongadas debidas a factores como la sequía, el hambre, los conflictos y los desplazamientos de población, así como los débiles sistemas de salud, dejan a las personas sin acceso a una atención sanitaria básica.

5. Resistencia antimicrobiana

El desarrollo de antibióticos, antivirales y antimaláricos son algunos de los mayores éxitos de la medicina. Pero el tiempo de estos medicamentos se está acabando.

La capacidad de las bacterias, parásitos, virus y hongos para resistir estos medicamentos amenaza con devolvernos a épocas en que no podíamos tratar fácilmente infecciones como la neumonía, la tuberculosis, la gonorrea y la salmonelosis.

La resistencia a los medicamentos está impulsada por el uso excesivo de antibióticos en las personas, pero también en los animales, especialmente en aquellos que se utilizan para la producción de alimentos.

Esta incapacidad para prevenir infecciones podría poner en serio peligro la cirugía y los procedimientos como la quimioterapia, según la OMS.

6. El ébola y otros patógenos

En 2018, la República Democrática del Congo sufrió dos brotes de ébola con duras consecuencias y que centraron la atención mundial.

El último de ellos, declarado en agosto, ha causado hasta ahora al menos 488 muertes.

El ébola y su capacidad de causar una emergencia de salud pública es una de las enfermedades de seguimiento prioritario para la OMS este año.

Otras enfermedades y patógenos prioritarios y para los que no existe tratamiento o vacuna efectivos son el zika o el síndrome respiratorio agudo severo (SARS).

Entre ellos está también lo que la OMS llama "la enfermedad X", un patógeno desconocido que "podría causar una grave epidemia".

7. Una débil atención primaria de salud

La atención primaria de salud puede satisfacer la mayoría de las necesidades de salud de una persona en el transcurso de su vida. Por eso, la OMS asegura que los sistemas de salud con una fuerte atención primaria son necesarios para lograr la cobertura universal.

Sin embargo, muchos países no cuentan con instalaciones adecuadas para brindar este primer nivel de atención.

8. Las dudas y el rechazo a las vacunas

Las dudas y el rechazo a la vacunación pueden tener graves consecuencias y, de hecho, amenazan con revertir los avances que se han producido en las últimas décadas en la lucha contra enfermedades prevenibles.

La vacunación evita actualmente entre dos y tres millones de muertes anuales, según la OMS, y estas cifras podrían incluso ser mayores si aumentara su cobertura.

Pero, al contrario, en algunos lugares está disminuyendo. Y esto tiene consecuencias, como el hecho de que en algunos países que estaban cerca de eliminar el sarampión, la enfermedad (debido a una conjunción de factores, no solo el rechazo a las vacunas), está resurgiendo.

9. Dengue

El dengue, una enfermedad transmitida por mosquitos que causa síntomas similares a la gripe y puede ser letal, representa desde hace décadas una amenaza creciente.

Se estima que el 40% del mundo está en riesgo de contraer dengue y hay alrededor de 390 millones de infecciones al año. La estrategia de la OMS tiene como objetivo reducir las muertes en un 50% para 2020.

El dengue es endémico en toda América Latina, excepto en Chile y Uruguay.

10. El virus del VIH

A pesar de los grandes progresos realizados con respecto al virus del VIH, la epidemia continúa. Y casi un millón de personas por año mueren de VIH/SIDA.

En la actualidad, alrededor de 37 millones viven con VIH en el mundo.

Un grupo cada vez más afectado por el VIH son las niñas y mujeres jóvenes (de 15 a 24 años de edad), según la OMS, que son responsables de una de cada cuatro infecciones por VIH en el África subsahariana, a pesar de representar solo el 10% de la población.

Según estimaciones de ONUSIDA, en 2017 en América Latina había 1,8 millones de adultos y niños viviendo con VIH.

Cómo funciona

Ustedes nos envían sus propuestas. Nosotros las analizaremos y haremos una selección de aquellas que nos parezcan más interesantes. Luego las pondremos nuevamente a su consideración.

Ustedes deciden en cuál de ellas debemos trabajar y serán aquellas que reciban más interés por parte de nuestra audiencia.

Cómo el aterrador gas mostaza ayudó a hallar un tratamiento para la enfermedad que nos aterra

"Hay una especie de nube amarilla verdosa rodando por el suelo en el frente, que se está acercando...", avisó el encargado del periscopio que vigilaba las líneas alemanas en una de las trincheras de los británicos en la Primera Guerra Mundial.

Las condiciones eran perfectas para un ataque de gas enemigo; una ligera brisa que soplaba de la dirección de los británicos.

En el enfrentamiento bélico entre la Triple Entente (Francia, Inglaterra y Rusia, a los que se unieron entre otros Bélgica, Italia, Portugal, Grecia, Serbia, Rumanía y Japón) y las potencias centrales de la Tripe Alianza (el Imperio alemán y el Imperio austrohúngaro, apoyados por Bulgaria y Turquía) las tropas tuvieron que aprender qué era eso que se estaba acercando.

Desde 1915, se habían estado usando gases químicos rutinariamente en la guerra de trincheras, horrorizando a los soldados más que cualquier arma convencional.

Y en 1917 el gas mostaza hizo su debut. "Hay una especie de nube amarilla verdosa rodando por el suelo en el frente, que se está acercando...", avisó el encargado del periscopio que vigilaba las líneas alemanas en una de las trincheras de los británicos en la Primera Guerra Mundial.

Las condiciones eran perfectas para un ataque de gas enemigo; una ligera brisa que soplaba de la dirección de los británicos.

En el enfrentamiento bélico entre la Triple Entente (Francia, Inglaterra y Rusia, a los que se unieron entre otros Bélgica, Italia, Portugal, Grecia, Serbia, Rumanía y Japón) y las potencias centrales de la Tripe Alianza (el Imperio alemán y el Imperio austrohúngaro, apoyados por Bulgaria y Turquía) las tropas tuvieron que aprender qué era eso que se estaba acercando.

Desde 1915, se habían estado usando gases químicos rutinariamente en la guerra de trincheras, horrorizando a los soldados más que cualquier arma convencional.

Y en 1917 el gas mostaza hizo su debut.

Las tropas de Ypres, Bélgica, reportaron que percibieron un olor extraño y picante en el aire y que una nube dorada brillante rodeó sus pies. Luego, les salieron unas horribles y dolorosas ampollas así como unas llagas nauseabundas e incurables.

Quienes habían inhalado profundamente, empezaron a toser sangre.

Las máscaras que les habían servido para protegerse de ataques de cloro/fosgeno, resultaron inútiles contra ese infame gas.

El problema era que la mostaza sulfurada puede ser absorbida a través de la piel. Ni siquiera si estás totalmente cubierto de ropa, estás completamente protegido.

La muerte puede tardar hasta seis semanas y la agonía es terrible.

¿La muerte es la muerte?

El gas mostaza era apenas uno de los gases que se había convertido en arma en el Instituto Kaiser Wilhelm bajo la dirección del prestigioso químico Fritz Haber, quien más tarde recibiría el Premio Nobel en Química.

Haber estaba casado con la también química Clara Immerwahr, quien le rogaba incesantemente que dejara de trabajar en armas químicas.

Para él, no obstante, era una manera eficiente de guerrear, y no le parecía que fueran armas particularmente inhumanas: al fin y al cabo, decía, la muerte es la muerte, no importa cómo se inflija.

Furioso, denunció a su esposa como traidora.

Otra muerte por el gas

Mientras el ejército alemán estaba tan encantado como Harber con sus creaciones, la relación de la pareja se fue deteriorando por el desacuerdo ético.

Trágicamente, Clara decidió ponerle punto final al asunto.

En la mitad de la noche berlinesa, silenciosamente sacó la pistola de su esposo de la funda.

Salió de la casa y se pegó un tiro en el corazón.

Unas horas más tarde, Fritz Haber se marchó con destino al Frente Oriental a supervisar el siguiente lanzamiento de gas contra los rusos, dejando solo a su hijo de 13 años, quien había descubierto el cuerpo de su madre.

Haber continuó promoviendo con entusiasmo el uso de gases venenosos.

Sus colegas llegarían a desarrollar gases nerviosos aún más mortales.

Pero la historia del gas mostaza no termina ahí.

20 años después...

Con la Segunda Guerra Mundial acechando, los investigadores del Colegio de Medicina de la Universidad de Yale, EE.UU., se retiraron a sus laboratorios para tratar de crear antídotos para el gas mostaza.

Temían que se repitiera lo que había ocurrido en la guerra anterior.

Pero lo que descubrieron los condujo hacia una batalla muy distinta.

Dos de los doctores involucrados, Louis Goodman y Alfred Gilman, examinaron los registros médicos de los soldados que habían estado expuestos al gas.

Encontraron, entre otras cosas, que tenían una sorprendentemente baja cantidad de glóbulos blancos.

Ese descubrimiento accidental llevó a un tratamiento radicalmente nuevo contra uno de nuestros peores asesinos: el cáncer.

Veneno para células malignas

El cáncer ocurre como resultado de mutaciones de las células de ADN.

Esas mutaciones genéticas promueven un exceso de crecimiento celular o remueven las salvaguardias que limitan la división celular.

En cualquier caso, la célula empieza a dividirse incontrolablemente.

Una de las células que es particularmente propensa a mutar es el leucocito, o glóbulo blanco.

Goodman y Gilman pensaron que si el gas mostaza podía destruir glóbulos blancos normales, quizás podía también destruir las malignas.

Valía la pena probar.

J.D.

Tras tener éxito en pruebas con animales, buscaron un voluntario humano con cáncer de los glóbulos blancos.

Encontraron un paciente con un linfoma avanzado, a quien sólo se le conoce por las iniciales J.D.

J.D. era un inmigrante polaco en EE.UU. de algo más que 40 años de edad, que trabajaba como obrero metalúrgico.

Estaba plagado de cáncer y tenía un tumor enorme en su mandíbula, que no le permitía tragar ni dormir. Tampoco podía cruzar sus brazos, pues los ganglios linfáticos bajo sus brazos eran demasiado grandes.

Sus doctores trataron de aliviarlo con todo lo que pudieron pero la prognosis no era buena: "la perspectiva del paciente es totalmente sin esperanza con el tratamiento actual".

La única esperanza

Sin ninguna esperanza, JD aceptó la medicina experimental basada en el gas mostaza.

Las notas registran que a las 10:00 am del 27 de agosto de 1942 le pusieron la primera inyección de lo que llamaron "químico linfocida sintético", pero que era, de hecho, mostaza nitrogenada.

Debido a la guerra, hasta el tratamiento era secreto, por eso no nombraban la droga en los registros: la anotaban como "sustancia X".

JD recibió varios tratamientos usando X y con cada uno se fue mejorando poco a poco. Ya podía dormir de noche, tragar, comer y estaba mucho más cómodo.

El dolor se volvió mínimo y él estaba absolutamente encantado.

La dosis correcta

Aunque en ese entonces aún no se entendía bien, la mostaza nitrogenada funciona porque une el ADN de las células que se dividen, y eso dispara su mecanismo de autodestrucción.

Era la primera vez que se usaba una droga para tratar el cáncer, un gran momento en la historia de la medicina.

Se trataba del principio de lo que hoy conocemos como quimioterapia.

Una historia que había empezado en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, llevó a hallar el mecanismo básico que todavía usan todas los medicamentos quimioterapéuticos.

Con la dosis correcta, se puede matar el cáncer sin matar al paciente.

6 meses después...

Pero el cáncer es persistente.

Incluso en la actualidad, un cáncer avanzado es, a menudo, incurable.

Para JD el tratamiento llegó muy tarde.

En el registro, el 1º de diciembre de 1942 dice simplemente: "Murió".

Pero su vida y muerte tuvo un gran impacto.

Ayudó al avance del campo de la quimioterapia, que se sigue valiendo de venenos para luchar contra el cáncer.

Al final, como dijo Paracelso, el doctor y químico del siglo XVI, "Todas las sustancias son venenosas. Es simplemente la dosis lo que determina si algo es venenoso o no".