Cuáles serán las 7 megaciudades más pobladas del mundo en 2100 (y qué pasará en América Latina)

Algunas ciudades son tan grandes que parecen países.

Apocalípticas, hundidas bajo el mar o llenas de naves espaciales... no importa cómo te las imagines, lo cierto es que en el futuro el explosivo crecimiento poblacional de los centros urbanos cambiará la geografía humana del planeta.

Lo sorprendente es que para el año 2100, las megaciudades que actualmente dominan el ranking de las ciudades más pobladas, caerán abruptamente del Top 10, según un estudio hecho por los académicos Daniel Hoornweg (Universidad de Ontario, Canadá) y Kevin Pope (Universidad Memorial de Newfoundland, Canadá).

Tokio, la ciudad más poblada del mundo, con 36 millones de habitantes, bajará hacia el final del siglo al lugar 28, con solo 25 millones de personas.

Y Ciudad de México, que actualmente se sitúa en el top 5 -con un poco más de 20 millones-, descenderá a la posición 34, con 22 millones habitantes, si la predicción de los investigadores se cumple.

En su reemplazo ascienden ciudades que quizás no parecen las más obvias candidatas, como Lagos, en Nigeria, Kinshasa, en la República Democrática del Congo, y Dar Es Salaam, en Tanzania, provocando cambios demográficos, migratorios, socioeconómicos, políticos y medioambientales de insospechadas consecuencias.

Ciudades más pobladas en 2100 (millones de habitantes)

Lagos 88

Kinshasa 83

Dar es Salaam 73

Bombay 67

Deli 57

Jartum 56

Niamey 56

"El peso económico y, presumiblemente, el poder político, se sigue moviendo hacia las grandes ciudades", le dice a BBC Mundo Daniel Hoornweg, coautor del estudio.

Estas megaciudades, hacen una gigantesca y desproporcionada contribución a la economía local y global, así como a la acumulación de riqueza y contaminación, explica.

Los investigadores utilizaron como base de cálculo las cifras de población del Banco Mundial disponibles para el año 2006 y en las actualizaciones posteriores han mantenido esa misma base para no alterar el punto de origen.

Sus estadísticas difieren de aquellas publicadas por la ONU, ya que utilizan metodologías distintas en relación al año base de cálculo y de la definición de "ciudad" en términos de sus límites geográficos.

Considerando esos distintos criterios, la ONU publicó en su informe "2018 Revision of World Urbanization Prospects" que actualmente la ciudad más poblada es Tokio con 37 millones de habitantes, seguida de Nueva Delhi con 29 millones y Shanghái con 26 millones.

Mientras, Ciudad de México y Sao Paulo bordean los 22 millones de personas.

El cambio de tendencia

Si uno mira la tendencia, históricamente las ciudades más grandes del mundo han jugado un papel clave en el terreno económico. Sin embargo, el futuro parece más bien incierto.

"Existe el temor de que las ciudades africanas sean la excepción. Que crezcan en cantidad de población, sin un crecimiento proporcional de la economía", dice Hoornweg.

Algo que podría ser extremadamente riesgoso para la calidad de vida de sus habitantes.

Mirando grandes tendencias a nivel global, a medida que avance este siglo se produciría "un desplazamiento del poder político desde la OCDE hacia Asia (primero al este y después al sur) y luego hacia África".

El estudio plantea que para el año 2050 ninguna ciudad China estará en el Top 10 y que para el año 2075 también salen de esa lista Sao Paulo y Ciudad de México.

¿Y por qué cambia tanto el ranking?

"Es que todos los países llegan a un máximo de población, que se explica por una relación entre la tasa de nacimientos y la inmigración".

"Rusia y Japón están en este momento más arriba de ese máximo y ya se ven consecuencias. China por otro lado, comenzará a declinar rápidamente en términos demográficos a partir del año 2030". agrega.

"En América Latina ocurrirá un fenómeno similar, solo que con menor rapidez".

El desafío de las ciudades sostenibles

Los investigadores advierten que las ciudades de más de 50 millones de personas son un desafío monumental para las autoridades, pensando en los servicios básicos y la infraestructura mínima requerida.

Oyectos de infraestructura como carreteras o la construcción de metros pueden demorar décadas antes de materializarse y la tasa de crecimiento suele ser más rápida que las posibles soluciones.

Otro de los efectos preocupantes del crecimiento urbano es que se verá afectado por el cambio climático y en el aumento del nivel del mar.

De las 101 megaciudades analizadas, 47 están ubicadas en zonas costeras, incluyendo algunas de las más grandes, como Lagos, Dar es Salaam y Bombay.

Según como evolucionen las condiciones ambientales, es posible que partes del territorio queden bajo el agua.

Y dado que muchas ciudades en regiones como el Sur de Asia o África emergerán con fuerza, las urbes que actualmente dominan la lista de megaciudades caerán en el ranking al ser sobrepasadas por las emergentes.

Con todo, las proyecciones poblacionales pueden variar considerando cambios en las tasas de urbanización y desarrollo socioeconómico, la disponibilidad de recursos, la sostenibilidad, los conflictos, las guerras y los posibles desastres geofísicos y climáticos.

Las enormes dimensiones del espionaje industrial de China (y cómo contribuyó a la guerra comercial con Estados Unidos)

Dan McGahn asegura que fue un intento de asesinato.

Y la víctima fue su negocio, American Superconductor (AMSC). El perpetrador, una compañía china llamada Sinovel Windpower.

Las dos firmas eran socios comerciales; pero Sinovel sobornó a un experto para robar la tecnología clave de la turbina eólica de AMSC.

Como resultado, AMSC, con sede en Massachusetts, vio colapsar sus ventas, su valor de mercado cayó en US$1.000 millones y tuvo que despedir a cientos de empleados.

"Se intentó el homicidio corporativo", repite McGahn.

Este acto de espionaje industrial fue descubierto en 2011 y, tras una pelea legal de siete años, un juez estadounidense multó a Sinovel el mes pasado con US$1,5 millones, el máximo actualmente posible.

Si bien Sinovel también continúa pagando a AMSC un acuerdo de US$57,5 millones, la firma estadounidense está recuperando solo una fracción de las pérdidas que sufrió.

El caso de AMSC es quizás lo que el presidente Trump tiene en mente cuando habla contra el espionaje industrial chino.

El espionaje industrial chino

A comienzos del mes pasado, el gobierno de Estados Unidos introdujo aranceles sobre exportaciones chinas por valor de US$34.000 millones, que consideró resultado de las "prácticas comerciales desleales" de China, que incluían el robo de propiedad intelectual estadounidense.

Unos días más tarde, la Casa Blanca advirtió que los aranceles podrían extenderse a US$$200.000 millones en productos chinos.

Luego, hace tres semanas, Trump amenazó con aplicar aranceles sobre todos los US$500.000 millones que abarcan las exportaciones chinas anuales a Estados Unidos.

¿Pero contribuirá esto a que las empresas chinas dejen de realizar actos de espionaje industrial? ¿O debería Estados Unidos cambiar a un enfoque más específico?

El soborno

Cuando la división de energía eólica de AMSC se asoció por primera vez con Sinovel en 2007, fue aplaudida por su ambición global y su innovación comercial en un momento en que los países de todo el mundo se apresuraban a construir más y más parques eólicos.

AMSC sabía que vincularse con una empresa china implicaba riesgos, por lo que utilizó todo tipo de estrategias para limitarlo, como encriptar los códigos de software con el que operaban sus turbinas.

Sin embargo, sin previo aviso, en 2011 Sinovel anunció que ya no necesitaba más envíos de la tecnología de turbinas que había estado comprando a AMSC.

A pesar de los esfuerzos de la empresa estadounidense para defender sus secretos, Sinovel había sobornado a un empleado de AMSC, un ciudadano serbio empleado en su oficina en Austria, para que le entregara el software clave.

A Dejan Karabasevic le habían ofrecido dinero, un trabajo, un departamento y una vida completamente nueva en China. Finalmente, fue declarado culpable por un tribunal en Austria en 2011.

Pero el caso de AMSC dista mucho de ser único y las firmas estadounidenses en sectores como los metales, los microchips, las telecomunicaciones y el transporte se han quejado de que rivales chinos roban su tecnología.

Incluso las populares galletas Oreo se enfrentaron a un imitador chino.

Se dice que la situación es tan grave que la Comisión sobre el Robo de la Propiedad Intelectual Estadounidense, un organismo independiente que incluye representantes del sector público y privado, calcula que cada año se roban US$600.000 millones de propiedad intelectual estadounidense y que estas acciones están lideradas por China.

Qué pasa en China

McGahn señala que las normas sobre inversión extranjera en el país asiático, como la necesidad de asociarse con una compañía local, dificultan incluso a las empresas extranjeras más cuidadosas proteger sus secretos comerciales.

En su criterio, todo el sistema de inversión en China está configurado para que las empresas de allí ganen.

Pocos meses después de la llegada de Trump al poder, se reunieron expertos en la Casa Blanca (técnicos, especialistas en política, miembros del gabinete y académicos) para analizar cómo abordar el problema.

Luego de una investigación de siete meses, un informe de la Casa Blanca acusó a Pekín de "transferencias de tecnología forzadas y distorsionadas por el mercado".

El gobierno chino asegura que está haciendo todo lo posible para evitar la infracción de la propiedad intelectual y en 2015 se comprometió a eliminar las empresas que no cumplieran con las reglas.

Pero Derek Scissors, experto en China en el grupo American Enterprise Institute, considera que China siempre ha sido una "sanguijuela tecnológica".

En su opinión, el gobierno está detrás de las firmas chinas que cometieron los robos.

"La idea de que estas empresas se dediquen al espionaje industrial masivo sin la bendición del gobierno chino no es lo más creíble posible", afirma Scissors, quien fue uno de los expertos que asesoró a la Casa Blanca sobre el tema.

Para otros, en cambio, se trata de un proceso más sutil.

Espionaje en el ciberespacio

Mara Hvistendahl, miembro del grupo de expertos New America y autora de un próximo libro sobre espionaje industrial, afirma que Pekín simplemente "mira para otro lado cuando las empresas roban para poder ofrecer" avances tecnológicos.

Sin embargo, coincide en que perseguir a espías que sean atrapados in fraganti ya no es suficiente.

Es el equivalente a arrestar a las mulas de drogas, en lugar de a los autores intelectuales, cuando se enfrenta al tráfico ilegal de drogas, agrega Hvistendahl.

Además, el espionaje se desarrolla cada vez más en el ciberespacio, lo que permite que los perpetradores estén a miles de kilómetros del alcance de los agentes del orden público.

El otro obstáculo para un proceso legal es la falta de demandantes dispuestos a enfrentar la exposición, señala el profesor Mark Button, director del Centro de Contrainteligencia de la Universidad de Portsmouth en Reino Unido.

"Imagine que una gran compañía farmacéutica tiene un fármaco maravilloso, si esa información se filtra a un competidor, puede tener grandes implicaciones financieras. Puede ser motivo de vergüenza y tener implicaciones para el precio de las acciones", agrega.

Por esa razón, Button especula que la falta de casos de alto perfil en Europa en los últimos años, probablemente disfraza un iceberg en el que los incidentes están escondidos bajo la superficie.